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viernes, 13 de marzo de 2020

Robots, IA y GPS: la guerra tecnológica para combatir el coronavirus

La tecnología y la investigación se han convertido en la mano derecha de la crisis del virus, tanto para combatir la expansión como para tratar de encontrar la vacuna o la cura.



En los últimos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) criticó a una "larga lista de países" por no hacer lo suficiente para frenar la propagación de la epidemia de COVID-19, pese a que el virus se propaga como pólvora por todo el mundo.

Según las más recientes cifras, el coronavirus ha dejado más de 3.300 muertos y 96.000 infectados, afecta a 84 países de todos los continentes salvo la Antártida y perturba la vida cotidiana de un número creciente de países.
Es por esto que la tecnología y la investigación se han convertido en la mano derecha de la crisis, tanto para combatir la expansión como para tratar de encontrar la cura. De hecho, se sabe del uso de drones en China que le hablaban a las personas de los riesgos de estar en la calle, pero hay mucho más que la tecnología está haciendo en medio de esta situación.

GPS que salva

Por ejemplo, en Corea del Sur el Gobierno comenzará a usar desde el 7 de marzo una aplicación con GPS para vigilar que los infectados con el virus no salgan de sus casas y contagien a más personas. La idea es que, si las personas en cuarentena se alejan de su ubicación designada, una alarma notificaría a las autoridades.

Diagnósticos autoservicio sin bajarse del carro

Otro de los nuevos avances tecnológicos provocados por el temor del coronavirus tiene que ver con diagnósticos médicos sin bajarse del carro. Según CNN, ahora en Corea del Sur las autoridades comenzaron a detectar personas contagiadas con un ‘autoservicio’, en el que podrán saber si tienen el virus sin necesidad de bajarse del automóvil.
Se trata de análisis gratuitos de coronavirus en donde toman la temperatura, hacen un cuestionario de riesgos y toman muestras nasales y orales, con resultados que son enviados dos o tres días después.

Transformación de ciudades

Wuhan tiene un sistema de salud al punto de la saturación. Por ello, las autoridades tomaron la decisión de transformar la ciudad completa (de 11 millones de habitantes) para acoger enfermos del coronavirus en sitios como colegios.

Robots y drones

En varios países de Asia se comenzaron a emplear robots desinfectantes, drones con cámaras térmicas, cascos inteligentes y hasta software de reconocimiento facial para combatir el covid-19.
Los robots también son usados para repartir alimentos a las personas aisladas en cuarentena, evitando el contagio de otras personas.

NASA y sus mediciones

La NASA también ha usado su tecnología para evaluar las afectaciones del coronavirus. De hecho, se confirmó que hay una drástica disminución de la contaminación, relacionada con la desaceleración de la economía, el cierre de grandes fábricas y la poca movilización de los ciudadanos.
“Los mapas que comparan las concentraciones de NO2 mostraron una marcada disminución entre el 1 y el 20 de enero, antes de que se impusiera una cuarentena en Wuhan y otras ciudades, y del 10 al 25 de febrero”, reportó la NASA.

Modelos matemáticos y los ordenadores

Para predecir la evolución de la epidemia del coronavirus todas las armas son útiles, incluidos los modelos matemáticos y las simulaciones mediante ordenador, aunque su margen de error es un riesgo, según expertos.
Esos modelos matemáticos dan a las autoridades sanitarias pautas sobre la amplitud de la crisis y sobre las medidas que hay que tomar.
La inteligencia artificial ha ido ganando terreno en la elaboración de esos modelos.

martes, 18 de junio de 2019

Tecnología de Reconocimiento Facial. ¿Es posible regular su uso?

Me quedo con tu cara
La tecnología de reconocimiento facial avanza más rápidamente que su regulación, y se presta a abusos.

Una muestra del funcionamiento de la técnica de reconocimiento facial durante la exhibición de Horizon Robotics en Las Vegas en enero pasado.

Los progresos en reconocimiento facial automatizado, el abaratamiento y multiplicación de las cámaras y la mejora en la capacidad de procesar ingentes datos con inteligencia artificial están generando preocupaciones en grupos de ciudadanos, e incluso en algunas autoridades. No se trata sólo de los experimentos chinos para controlar a millones de uigures, mayoritariamente musulmanes en la provincia de Xinjiang, y ampliarlos a un panóptico nacional, sino también en Occidente por parte de la policía y de empresas privadas. Pues esto no es solamente una cuestión de experimentos por organizaciones públicas, sino también privadas, ahora que móviles o consolas de videojuegos, entre otros, se activan por reconocimiento facial, almacenando esos datos y utilizándolos de forma mercantil. Las fotos que los usuarios suben a las redes sociales también alimentan los big data y la inteligencia artificial para estas tecnologías. Los accionistas de Amazon, en su reciente junta anual, se negaron a prohibir que la empresa siguiera vendiendo tecnología de reconocimiento facial automatizado a los Gobiernos.

Esta tecnología mapea concentraciones humanas, o casos aislados en la calle (o en otros lugares como los aeropuertos, los estadios de fútbol, grandes conciertos o manifestaciones de protesta), y luego compara esas caras con unos bancos de datos de imágenes, que pueden incluir sospechosos, personas desaparecidas o buscadas por la policía por pequeños o grandes delitos. Pero al hacerlo, la cara queda registrada. No es una simple huella dactilar. Ni siquiera la información sobre el ADN (que también plantea enormes problemas de control a medida que más gente ordena análisis sobre su genoma), sino datos utilizables en tiempo real —pues la imagen facial se ha convertido en un dato— en detrimento de la privacidad.

George Orwell, el autor tan citado en nuestros tiempos por su 1984, se nos está quedando corto en muchas facetas. Tampoco Aleksandr Solzhenitsyn, que en una de sus novelas describió cómo los servicios secretos estudiaban la marca de la voz de sospechosos, pudo idear una pesadilla tal. David Lyon habló hace tiempo de la “sociedad de vigilancia”. La socióloga Shoshana Zuboff, en un libro indispensable, del “capitalismo de vigilancia”, en el que el reconocimiento facial es sólo una de las puntas del iceberg.

Es verdad que el reconocimiento facial por medio de la inteligencia artificial ha logrado algunos éxitos en la detención de criminales, en unas ciudades cada vez más plagadas de cámaras como en los aeropuertos. O que, como en China, se puede empezar a utilizar la tecnología para discriminar a cerdos aquejados de una epidemia de peste porcina africana para reconocer a los animales afectados y separarlos para sacrificarlos. Pero esta tecnología aún se equivoca mucho, especialmente en EE UU, con las personas pertenecientes a minorías raciales, como los negros/afroamericanos, hispanos, o con muchas caras de mujeres. Está plagada de sesgos. De ahí que, a recomendación de su Junta de Supervisores, el Ayuntamiento de San Francisco, una de las ciudades cuna de las revoluciones tecnológicas en curso, haya decidido prohibir el despliegue de esta tecnología por la policía y otras agencias municipales, aunque las autoridades federales y el sector privado la mantienen. Es una decisión que están empezando a copiar otros Ayuntamientos en EE UU. A pesar de las quejas de la policía, que ven sus capacidades mermadas.

Se necesita regular esta tecnología más allá de los casos que algunos puedan ganar en los tribunales. El reglamento GPRD de la Unión Europea, como la LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos) en España, se ha quedado corto a este respecto, y tendrá que ser revisado a la luz de una tecnología que avanza más rápidamente que su regulación y se presta a abusos. En el Reino Unido, el Comisionado para la Información ha expresado su preocupación por la falta de un marco legal para el uso del reconocimiento facial por la policía. En diciembre pasado, el presidente de Microsoft, Brad Smith, ya pidió su regulación, tras considerar que “el genio del reconocimiento facial está escapándose de la botella”. Será difícil volver a meterlo en ella, des-inventarlo. Cada vez más bancos de datos, públicos y privados, se quedan con tu cara, y la procesan con crecientes capacidades. Cuidado.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/06/06/ideas/1559840023_982231.html